Roma y sus 7 plazas más emblemáticas


En tu viaje a la Ciudad Eterna, la ciudad con la más alta concentración de bienes históricos y arquitectónicos, disfruta de sus siete plazas más emblemáticas: la plaza de España, la plaza Navona, Campo de Fiori, Plaza della Rotonda, Piazza Venezia, Piazza del Campidoglio y la Piazza San Pietro


La plaza de España, animada desde el siglo XVI, cuando los peregrinos que llegaban a Roma hacían un alto en el camino. Debe su nombre a nuestra embajada ante la Santa Sede, ubicada en el Palacio Monaldeschi desde 1647, y al hecho de que en el siglo XVII todo su entorno era considerado territorio español. En aquella época era ya considerada una zona turística, llena de hoteles para aristócratas ingleses, que allí hacían un alto en su gira por Europa, escritores y compositores.


La plaza Navona, cuyo nombre viene de los conductos que transportaban el agua a las termas de Agrippa, cerca del Panteón. Hoy es una de las calles más elegantes de Roma, con comercios que venden artículos de grandes diseñadores a precios desorbitados. Pero, aunque no compres, disfrutarás en la considera por muchos la plaza barroca más bonita de Roma

Campo de Fiori, entre el Corso Vittotio Emanuele II y el río Tíber se encuentra una de las plazas más polifacéticas de Roma. Por la mañana un mercado de abastos al aire libre que todavía conserva su atmósfera más tradicional, y por la tarde una zona de ambiente. Durante siglos aquí se vivieron las ejecuciones públicas, y entre los ajusticiados Giordano Bruno, la figura encapuchada del centro de la plaza, astrónomo, filósofo y poeta que, tras una condena de más de ocho años, fue quemado vivo en el año 1600

La Plaza della Rotonda, que toma su nombre de la Iglesia de Santa María Rotonda, conocida como el Panteón de Agripa, el primer edificio romano transformado en iglesia. Aquí descubrirás su espectacular cúpula de 43 metros de diámetro, mayor que la de la Basílica de San Pedro del Vaticano, de 41 metros. Además, tiene la función de panteón real, allí se encuentran las tumbas de los dos primeros reyes de la Italia unificada, Vittorio Emanuel y Humberto I, junto al gran pintor renacentista Rafael.

Piazza Venezia, situada a los pies de la colina del Capitolio, toma su nombre del Palazzo Venezia. La plaza está presidida por el monumento a Vittorio Emanuele II, erigido para honrar a la patria tras la unificación italiana. El edificio no fue bien acogido por los ciudadanos, dado que destruyó emblemáticas ruinas romanas de un valor incalculable. El monumento fue apodado de manera despectiva como tarta nupcial o máquina de escribir. En lo alto del monumento se encuentra la Terraza de las Cuadrigas, con bellas vistas sobre una parte de la ciudad.

Muy cerca de la Piazza Venezia, una escalinata denominada la cordonata, con 124 peldaños, asciende hasta la parte más alta de la Piazza del Campidoglio, hoy la única plaza renacentista que queda en Roma y kilómetro cero de las carreteras italianas. Fue diseñada por Miguel Ángel, que construyó el Palazzo Nuovo para darle una nueva forma, aunque falleció antes de verla terminada. En el centro se erige una réplica de la estatua de Marco Aurelio, la original está en los Museos Capitolinos, y en sus laterales tres edificios relevantes: el Palazzo Nuovo, el Palazzo dei Conservatori y el Palazzo Senatorio. La Iglesia de Santa María de Aracoeli, del siglo VI, se alza en la parte sur de la colina, en el antiguo asentamiento de un templo dedicado a Juno.

Finalmente, la Piazza San Pietro, una de las más conocidas del mundo. Construida por Bernini a mediados del siglo XVII, precede a la Basílica de San Pedro. En el centro, un monumental obelisco (25 metros de alto y 327 toneladas de peso), que fue traído desde Egipto y estuvo situado en el Circo Massimo. No fue fácil el encargo que recibió Bernini, ya que debía crear una gran plaza en medio de numerosas construcciones que debía salvar dada su antigüedad. Finalmente, se decidió por crear dos plazas continuas, una cuadrada y otra redonda, que pudieran ser escenario de grandes celebraciones, que se convirtieron en una de sus más famosas obras. El toque final, la conocida como Columnata de Bernini, 284 columnas de travertino de 16 metros cada una, organizadas en cuatro filas


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