Recorriendo las maravillosas Islas Galápagos

Actualizado: 16 de sep de 2019


Llevo una sonrisa en el cuerpo que me durará para siempre. He estado en el medio del Pacífico rodeada de islas volcánicas y animales exóticos, con mares profundos que te acercan al concepto de inmensidad. En las Islas Galápagos, me sentí pequeña y grande al mismo tiempo; pequeña mientras navegábamos por el vasto Océano Pacífico y grande por haber podido tocar un lugar tan especial como las Islas Galápagos.

Al aterrizar en la isla de San Cristóbal, me envolvió la humedad, el calor y una atmósfera de naturaleza viva. En Puerto Ayora, la vida silvestre y las personas se mezclan y coexisten; los leones marinos se tumban en los bancos del paseo marítimo, mientras que los pelícanos azules y las fragatas vuelan por los cielos.

Abordé el barco Eric, donde la tripulación aguardaba nuestra llegada en la proa, sabiendo que me esperaba una semana en la que podría recorrer estas increíbles islas, consciente de que debía prestar atención a todo y que nada se me podía escapar. Mi primera preocupación, marearme como suele ocurrirme con frecuencia, se esfumó rápidamente: las aguas que separan las islas y por las que navegamos son muy tranquilas. La segunda, poder convivir durante siete días con el resto de pasajeros también fue superada porque si bien a bordo hay áreas comunes para compartir las impresiones del día, a pesar de lo pequeño que parece el barco, se pueden encontrar espacios propios donde relajarte y leer, o simplemente sonreír mirando el mar o contemplar una puesta de sol.

Visitamos preciosos lugares, realizamos cortos paseos, bucear con esnórquel y paseamos en kayak por las aguas cristalinas. En el mar nadamos rodeados de leones marinos e iguanas marinas, que se alimentan del musgo de las rocas sumergidas; vimos coloridos peces, caballitos de mar y tortugas marinas, nos sorprendimos con el rápido movimiento de los pingüinos que parecían torpedos y la cercanía de los tiburones de punta blanca. Uno de ellos paso tan cerca que el corazón me comenzó a latir con fuerza, recordando así que en la naturaleza los humanos somos uno más. En los paseos por tierra encontramos tortugas gigantes, iguanas y numerosas aves, entre ellas: fragatas macho con cofres rojos, agrupados para atraer a las hembras; piqueros de patas azules y piqueros de patas rojas; búhos; cormoranes que se zambullían en el agua.

Un viaje a Galápagos se puede contar con más o menos adjetivos, pero es necesario vivirlo para entender lo que representa y comprender que estamos obligados a proteger este y otros ecosistemas para que nuestros hijos puedan también llegar a conocerlos.


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